viernes, 4 de noviembre de 2016

IRONMAN HAWAI I


Ya ha pasado casi un mes desde mi participación en el Ironman de Hawai, tiempo más que suficiente para poder mirarlo con perspectiva y sacar conclusiones, expresar mi punto de vista y como viví en primera persona esta prueba singular.
La historia del Ironman de Hawai es eso, historia, allí se han vivido batallas épicas por la victoria y muchos han visto cumplidos sus sueños de triatleta. Grandes historias deportivas anónimas de cada uno de los que participan allí. Grandes esfuerzos de todo tipo para poder tener algún día los pies metidos en el agua en el Pier esperando que suene el cañonazo. Mi historia es una más de tantas…
Después de mi clasificación en el Ironman de Austria a finales de Junio comenzó una frenética búsqueda de recursos económicos para poder estar el 8 de Octubre en la isla. Seguramente no se distinga mucho de los esfuerzos que otros triatletas tienen que hacer para estar allí pero para mi ha supuesto descubrir cuanta gente se ha alegrado por mi y cuanta gente se han visto reflejadas y seguramente ahora piensen que con empeño, esfuerzo y constancias nuestros sueños deportivos se pueden cumplir.
El apoyo de todos desde el principio me desbordó, amigos y familia volcados buscando recursos para que si o si pudiera estar en la isla… no ha sido fácil la verdad, detrás de este trabajo de recaudar fondos han estado amigos y familia que han tenido que vender pulseras, buscar el apoyo de pequeñas empresas de la ciudad muchas de ellas de amigos o de amigos de amigos, me organizaron una cena tremendamente emotiva para mi, hubo quien me hizo aportaciones económicas personales…no se, mucho esfuerzo que hizo que el día 28 de septiembre pudiera iniciar el viaje hacia la isla.
Así que el día 27 tomamos rumbo a Madrid para comenzar este largo e ilusionante viaje. Conmigo viajaba mi amigo Ricardo, inseparable compañero de fatigas, de entrenos y de viajes y que iba a compartir conmigo esta experiencia.

Decidí por cuestión de logística hacer el viaje con una empresa alemana, Hawai Hannes, que pese a ser un viaje costoso se encargaban de simplificar al triatleta en la isla cuestiones de alojamiento y desplazamientos. Cuando ya has estado allí es más sencillo hacerlo de otra forma pero yo no me arrepiento en nada de haberlo hecho con ellos, siempre atentos y haciéndote sentir como un profesional.
El viaje no se me hace largo seguramente porque tengo ganas de disfrutar de la experiencia. Tras casi un par de días de viaje llegamos a Kona de noche, pese a ello el calor y la humedad ya nos da la bienvenida. Con ellas los chicos y chicas de Hawai Hannes nos reciben con los típicos collares de flores hawaianas y con unos buenos bocatas y cervezas fresquitas que no sientan de maravilla.
Traslado al apartamento y comienzo de unos días frenéticos que pasan a toda prisa: nadar en el pier por la mañana, compras en el supermercado (carisimas como todo en la isla), salidas en bici y a correr e ir de un lado a otro es lo que hacemos los días previos.
El ambiente es brutal y  tienes la oportunidad de compartir entrenos con los favoritos a la victoria y gente anónima que como tu, tendrán una historia que contar.
Compartimos apartamento con un alemán muy simpático, Julian Friedrich. Casualmente es de mi grupo de edad y también se clasificó en Austria. Tiene una historia muy bonita y emotiva… su padre también compitió en la isla, fue en el año 99 con una buena marca en línea de meta. Años después, entrenando, fue atropellado por un conductor borracho y desgraciadamente falleció. El, al clasificarse, había mandado una carta a Ironman contándoles la historia y pidiéndoles poder correr con el mismo número de dorsal con que lo hizo su padre. Y ahí estaba él, orgulloso de poder hacerlo. Una suerte encontrarte gente así por el camino.

Los días, frenéticos, hacen que andes un poco flipado y que no hagas las cosas correctamente: descanso, hidratación, entrenos… es el precio también de no saber si algún día podrás volver a estar allí. El coste deportivo y económico es muy alto y en esta vida nunca se sabe donde estaremos mañana. Hay que vivir el momento.
Estoy lejos de mi familia y se les echa de menos. Es una pena no poder compartir con ellos esta experiencia.
El calor y la humedad son sorprendentes y a medida que pasan los días, si bien estoy tranquilo, me empiezan a entrar dudas de mi rendimiento en carrera.
Hago algunos entrenos en bici con los alemanes de Hannes donde puedo comprobar el altisimo nivel de la gente. Pese a todo, tengo buenas sensaciones pese a mis dudas.
Hacemos algo de turismo (muy poco, la verdad) y pronto me pongo en modo competición para tratar de llegar en las mejores condiciones participando de los rituales previos de Kona. Disfrutar de la underpants run, carrera en ropa interior muy divertida donde echamos unas buenas risas, ver la expo, recogida de dorsales, preparación de material, comida de la pasta… y conocer a algunos españoles que también participaban allí.

Las imágenes que tantas veces había visto por televisión o en revistas ahora las estaba viviendo en primera persona. El día previo se hace corto, ya he entregado el material y solo queda descansar. Espero tener un buen día y disfrutar al máximo de la prueba. Es a lo que he venido y por lo que tanto he trabajado....(Continuará)