
Si alguna vez un premio fue justo, esa es ésta. A Haile Gebreselasie se le premia por su brutal trayectoria deportiva, por su impecable e intachable comportamiento fuera y dentro de las competiciones, por ser un ejemplo de deportividad para todos/as y por su labor encomiable hacia los más desfavorecidos. Lo dicho, se premia al más grande, se premia a la cara amable del deporte, que entre tanta mala semilla no está mal.
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