Parece una obsesión, o una fijación, pero para mi clasificarme para poder competir en el Ironman de Hawai no es nada de esto,ni nunca lo ha supuesto. Para mi poder competir allí es un verdadero viaje espiritual. Es volver a los orígenes, es volver a donde todo empezó... Que es un gran negocio, lo se. Que parece en ocasiones más una secta que una prueba deportiva atrayente, también lo se. Qué quizás la gente no encuentre lo que busca allí, también lo se. Yo si se que lo encontraré. Empecé en esto viendo el Ironman de Hawai, viendo a Mark Allen, a Dave Scott, a Pauli Kiuru... correr por esas carreteras. Para mi eso era Triatlón en estado puro...
Cuando la gente me pregunta que espero encontrar allí, yo les respondo que espero encontrar toda la energía que durante todos estos años han ido dejando los que luchaban por la victoria, los que luchaban por ser finishers, la ilusión de todos esos miles de triatletas que alguna vez cumplieron un sueño y los que también este año lo cumplirán.
Es una prueba mágica, seguro que me encantará, voy a tratar de disfrutar cada segundo en la isla.
No ha sido fácil clasificarse, nadie dijo que lo fuera. La clasificación ha llegado cuando tenía que llegar. Sigo pensando que el triatlón y la larga distancia no debemos medirla en cuanto a marcas, número de pruebas, medias, ritmos, ni nada de esto. Debemos medirla por lo que nos aporta en nuestro crecimiento personal y el de las personas que nos rodean. Me encanta esta frase que leí al gran maestro Clemente Alonso y que resume que significa correr en Hawai: "Si te lo tengo que explicar no lo vas a entender". Yo ya tengo mi pase, sólo falta poner la guinda.







